Marco escénico
Sentado en un banco meditando el personaje ve a una
pequeña araña en una de las esquinas del banco y empieza una conversación con
esta:
Buenos días señorita Araña, ¿o debo decir señora?, no creo que le importe
mucho ¿verdad?, al final de todas formas seguiría siendo una laboriosa araña,
¿sabe?, Los humanos nos preocupamos mucho por pequeñeces como esta, incluso
muchas veces le damos más importancia a las palabras que a los hechos, a veces
pienso que lo mejor hubiese sido que los humanos seamos mudos, así nos
preocuparíamos más por actuar mejor que por adornar las falsedades con palabras
bonitas, ¡se imagina!, así el que siente amor tendría que demostrarlo y se
acabarían las promesas rotas, los poemas serían mágicos movimientos del cuerpo
y las canciones un glorioso baile, incluso las peleas serían por razones reales
y no por malos entendidos, ¡sí! es perfecto, un mundo de mudos donde el abrazo
recobre su significado, donde se tenga que mirar a los ojos para entrevistar el
alma, donde tenga más valor un beso que
una palabra y una sonrisa sustituya a las frases; claro, no para todos sería
conveniente, los políticos por ejemplo estarían en serias dificultades, o los
ladinos conquistadores que van mintiendo a toda señorita que les cree, y
algunos jefes religiosos estarían en apuros, ¿cómo harían para que les crean
que les interesan los necesitados mientras se enriquecen a costa de la
fe?. Pero después de todo creo que
seríamos mucho más los beneficiados, porque no existirían fronteras de idiomas
y el orgullo se moriría de aburrimiento; si que sería todo distinto, los
grandes pensadores generarían grandes acciones, tendríamos más obras hechas que
criticadas, ni existiría tiempo para malos pensamientos, pues la acción
dominaría nuestro espacio y el amor poco a poco inundaría nuestras almas, pues
el crece con la entrega y no con las
promesas, ¿sabe?, incluso los consejos serían una verdadera ayuda y no sólo una
gota de arrogancia en la boca de los sabios. ¡hasta es posible señorita araña!,
que si no pudiéramos hablar se nos agudizaría la vista y pudiéramos ver las
cosas que realmente importan y no amargarnos la existencia con detalles que
nosotros mismos hemos creado, nuestros oídos serían mucho más aptos para poder
escuchar el concierto de la vida que día a día nos regala Dios, incluso nuestro
tacto podría sentir la historia en la piel de un anciano o la sabiduría en los
cabellos de un niño y el intenso amor en las lágrimas de una madre,
definitivamente seríamos mucho más sensibles y entenderíamos de una vez por
todas la estupidez de las guerras, por que una vida vale más que todos los
intereses que la han eliminado. La verdad creo que seríamos mucho más felices,
pero solo estoy soñando y hasta es posible que el que no hablemos no cambiaría
nada, porque los humanos con nuestra inteligencia encontraríamos la forma de
ocultar lo hermoso, de crear nuestra propia realidad llena de tonterías, pero
que demuestre que somos superiores, ¡vaya superioridad!, no podemos vivir ni
con nosotros mismos.
Mil disculpas señorita araña, le he quitado su tiempo, se que usted tiene
cosas que hacer, cosas que realmente valen la pena, le ruego por favor olvide
todo lo que le he mencionado, al final de cuentas son solo eso, palabras.
Sixto Alejandro Angulo Alpire.
Bolivia