
Para que quiero los desvelos
de aquellos que nunca duermen
si ya los tengo, de todas formas.
De que me servirían los besos que regalas
si los repartes con los ojos cerrados
y no sabes donde los derramas.
Para que quiere el viento
la voz del que siempre habla
si anhela el sonido
del que guarda silencio;
no reprocho a la flor
que esparce sus perfumes
me reprocho con rencor
que dejo que se esfumen;
y si tú no estuvieras
¿de qué serviría ésta queja?
si las quejas, siempre, sirven para nada.
